Es centro. Es insolente, mordaz y escéptico. Su mundo es un cuerpo que alrededor de el gira, hasta dormido centra la atención en el pupo… y el pupo… el pupo feliz.
Su misión se cumple un día mas, su misión de ser centro y punto de reflexión de multitudes que no notan su presencia, pero su virtud, la virtud del pupo es ser principio y ser final sin siquiera estar presente en charlas o salir en la tele o en las revistas.
El pupo sabe que no será reconocido, pero no le interesa serlo ya que tu vida, mi vida, y la de todos los maltratados seres de nuestro mundito, dependieron (algunos continúan su dependencia) de el. El pupo. Protagonista de su propia existencia no se compara a otros centros conocidos, siendo único, ubicándose allí donde de chico olías a mierda, pero te encantaba hurgar en su interior y luego tu dedo viajaba del centro a una extremidad facial para oler esa ranciedad que de el salía. El pupo satisfecho producía más olor a mierda. Y te sencillamente te encantaba.
Actualmente, menos atención le das a tu propio centro, observas otros centros que no te pertenecen, pero eso no molesta a tu pupo (por una cuestión de respeto al lector, se hará creer que el pupo es de su propiedad).
En su soledad, no se siente bien y tampoco te hace sentir bien.
Mientras observas tu ombligo y todas las ramificaciones que representa, te das cuenta de que formó parte vital de tu crecimiento rítmico y pensás en que el transporto alimentos en tu gestación intrauterina. Comiste a través de tu pupo protagónico y ahora piensas con el y por el, aunque a veces el también piensa por mi y por nosotros, (la mayoría de las veces).
Hasta que llegue el día en que su fama disminuya y su protagonismo sea ocupado por otra parte de tu cuerpo. Tal podría ser la suerte de tu oreja, tu oreja instantánea.
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