Cuerpo danzante. Entre sudor y excitación, rozan pieles y deseos, denigran su constelación moral y arden en un fuego existencial.
Gestos se articulan y dedos comunican, gemidos astrales inundan un cuarto, y también un pasillo.
Carne agolpada, violenta sinfonía, ansiados golpes.
Deshumanización consternada placeres nocturnos, fragancias olvidadas, a veces destruidas.
Secuencias resueltas, en el final nada queda…
Un epilogo comienza siendo preludio de un obvio final. La carne se separa, ojos se entrecruzan.
El sueño llega al fin, parte de la carne se marcha dejando un lecho incompleto.
Desde el umbral de una puerta, hay humo saliente, hay mugre entrante, maldito vicio.
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