Extraña distancia que separa abismos,
Deslumbrantes miradas que nublan destinos.
No se ven siquiera ojos en esta oscura locura.
Siento que acompañan tus palabras mi sustento
(dejándome caer, dejándome caer)
Cuan amarga son las sombras que atraen nubes insondables, para la vista de engendros que caminan como hombres y aparentan serlo, contándose mentiras de vida y felicidad. ¿Que será de nuestra cría?, nuestra cría bestial, engendro que creamos y liberamos hacia el mar. No recuerdo los momentos que pasamos sin saber que tus manos ya marcadas me llenaron de placer, tan añejo y deseado como quien desea el saber.
Sombras que caminan en la noche negra llena de delirios e intangibles rarezas,
sombras que despiertan a un sinfín de negligencias que cuentan en sus camas mientras ocultan sus malezas.
Sombras improvistas de amor y de belleza
Sagrado romance, sentimiento atroz. Ya no cuento las lagrimas que cayeron, ya no siento frió en las mejillas. No es lo mismo, no es lo mismo. Cambios súbitos en el derroche del tiempo quemando pupilas, atravesando mil caminos y en el medio el verbo, la desesperación y el desencuentro. Quizás ellos lo sepan, quizás estén atentos, o tal vez nunca descubran el temor.
Nube gris, tierra dormida, ansiado pétalo, lejano pétalo que ansia tempestades y limita placeres.
Fétido suelo, mugre artificial, no se quita, no alcanzo la pureza de aquel vientre, aunque extienda mis ramas. El odio crece, el aire golpea, la mente alcanza, gritan los puños y la noche desciende.
Deliciosa estrella, mente orbital, descubro muertes e invitaciones, vengan a ver, vengan a ver mi nuevo bidet, brillen mi rayo, las hordas no pasan, las heridas ya no queman.